¿Porqué Dios es hombre? ¿Porqué no hay ninguna Diosa? Se habrán preguntado sanamente algunos cristianos. Intentar contestar esta interrogante requeriría varios libros quizá y tampoco cuento con la calidad académica ni moral para dar una respuesta definitiva e iluminadora. Sólo quiero ordenar acá algunos antecedentes y reflexiones que he tenido al respecto. Espero que los disfruten tanto como yo.
Se sabe hoy que el “éxodo” del pueblo israelí expulsado de Egipto, tal como se describe en el Libro Éxodo de la Biblia, no corresponde a un hecho histórico sino a un mito fundacional. No existe evidencia arqueológica ni documental que permita establecer la historicidad de este evento. Ze’ev Herzog, arqueólogo de la Universidad de Tel-Aviv lo resume de la siguiente manera:
“Esto es lo que los arqueólogos hemos aprendido de nuestras excavaciones en la Tierra de Israel: los Israelista nunca estuvieron en Egipto, no viajaron por el desierto, no conquistaron la tierra en una campaña militar y tampoco se la heredaron a las 12 tribus. Quizá aún más dificil de digerir es que la monarquía unidad de David y Salomón, la cuál es descrita en la Biblia como un poder regional, fue a lo más un pequeño reino tribal. Y será un choque no muy agradable para muchos saber que el Dios de Israel, YHWH, tenía una consorte femenina y que la temprana religión israelí adoptó el monoteísmo sólo en el periodo de la decadencia de la monarquía y no en el Monte Sinaí.” (The Nature of Home: A Lexicon of Essays, Lisa Knopp, p. 126)
Según la Biblia quienes migraron de Egipto a Canaán fueron 603.550 hombres a pie, sin contar mujeres, niños y ancianos (Éxodo 12:37-38; Números 1:46), por tanto se podría estimar que en total era unos 2 millones de personas. Todos ellos cruzando el Desierto de Sinaí, hubiesen formado una fila de 240 kilómetros, nunca se ha encontrado evidencia que demuestre tal paso. Lo que es más, para el año del éxodo, es decir el 1312 AC (1 Reyes 1:61), la población de Egipto no superaba los 3 millones, la catástrofe social y económica que hubiese producido esta migración hubiese dejado al menos algún registro en los anales egipcios… nada, o al menos en Canaán, que es dónde llegaron, las cosas no hubiesen sido muy auspiciosas, pues su población oscilaba entre las 50.000 – 100.000 personas… nada tampoco.
Entonces, si el pueblo de Israel nunca migró, ¿dónde estaba en aquel momento?. Siempre estuvieron en Canaán. Al menos para el año 1.400 AC las tribus hebreas iniciaban la conquista de esta fértil tierra, codiciada y poblada por tantos otros antes que ellos: semitas, amorreos, hicsos, hurritas, hititas, egipcios y los pueblos del mar. Tal era la “Tierra Prometida”.
Las tribus hebreas no venían de India, ni de China, no estaban ajenos a las otras etnias del lugar, al contrario, estaban emparentados y compartían con ellos similares cosmovisiones, mitologías y lenguas. De hecho, Yavhéh, el monolítico Dios de Israel, sí, el mismo de la Biblia, era un dios del panteón cananeo, hijo de El, hermano de Baal, esposo de Aserá. La lucha isaraelí por la conquista de Canaán necesitaba un sustento ideológico, un mito unificador, un único Dios de los Ejércitos, iracundo, celoso y beligerante, que se opusiera con violencia a las creencias de los otros pueblos. Comienza el proyecto civilizador de Israel (nombre que justamente significa “El que lucha contra El”). Los dioses cananeos son considerados aborrecibles, diabólicos, lujuriosos y materialistas. Sus ídolos son ordenados destruir, sus templos quemar y la Diosa Madre, junto a todas sus formas (Anath, Astarte, Ashima, Asherah) es divorciada y exonerada para siempre. De todas ellas Asherah, como hemos dicho, era la consorte de Yavéh. Repasemos algunos pasajes de la Biblia al respecto:
“Esto es lo que harás con esas naciones: Destruirás sus altares, romperás sus piedras sagradas, derribarás sus imágenes de la diosa Aserá y les prenderás fuego a sus ídolos.” (Deuteronomio 7:5).
“Demolerán sus altares, harán pedazos sus piedras sagradas, les prenderán fuego a sus imágenes de la diosa Aserá, derribarán sus ídolos y borrarán de esos lugares los nombres de sus dioses.” (Deuteronomio 12:3).
“No levantarás ninguna imagen de la diosa Aserá junto al altar que edifiques para el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 16:21).
“Los niños juntan la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres hacen la masa para cocer tortas y ofrecérselas a la Reina del Cielo . Además, para ofenderme derraman libaciones a otros dioses.” (Jeremías 7:18) (Esté último párrafo corresponde a otro periodo, pero lo cito para complementar la idea).
Vaya “dios de amor”, digo yo. Bueno, está claro que por todos los medios, Yavéh es reinventado como un Dios monolítico y androcéntrico.
Los libros del Antiguo Testamento son compuestos durante esta época (véase Dating the Bible). De esto, el Génesis forma también el sustento teológico para redefinir la religión israelí. El Génesis es un libro compuesto de al menos dos relatos de origen Yavehísta y Elohísta (véase Hipótesis Documental) y además una reinvención de Enûma Eliš, el relato babilonio de la creación. En este se pone a Yavéh como la figura central, subyugando todas las fuerzas de la naturaleza a su poder, quedando exonerado el carácter femenino de Dios (Diosa Madre-Tierra-Naturaleza-Fertilidad, una conceptualización tan propia de los pueblos antiguos). Conrad Hyres, del Princeton Theological Seminary, señala al respecto:
“El Génesis 1 no es un asunto de tomar prestado un par de elementos para hacer una nueva receta. Tampoco apropiarse de un ser superior, hacer un compromiso ecléctico o mejorar las cosmologías paganas. Su propósito es casi repudiar la divinización de la naturaleza y los acompañantes mitos de origen, conflicto y ascenso divino.” (The Meaning of Creation: Genesis and Modern Science, John Knox, 1984).
Estamos entonces ante un verdadero femicidio divino. No puedo evitar recordar la animadversión de algunos cristianos cuando se habla de la energía-poder-espíritu de la naturaleza, es increíble como han heredado y asimilado esta visión. Lo mismo con el asunto de los ídolos, actualmente los cristianos condenan a otras tradiciones religiosas, radicalmente distintas a la propia, tan sólo porque adoran Diosas y levantan imágenes, basándose en preceptos que como hemos visto están totalmente sacados fuera de contexto.
Lamentablemente, el destierro de la Diosa en la Biblia moldeó también el rol social e histórico de la mujer en el cristianismo, algo sobre lo que no vale la pena ahondar. Producto quizá es también de esto la profunda contradicción que presenta la persona de María (la vírgen) cuyo útero gesta al “Hijo de Dios”, ¿no sería acaso ella a luz de este hecho igualmente Diosa?, simbólicamente hablando.
¿Cómo hubiese sido la tradición Judeo-cristiana de haberse conservado la pareja y la familia divina? La verdadera familia: El, Moloch, Baal, Asherah, todos ellos y tantos otros. No quiero especular al respecto, ni caer en comparaciones con otras corrientes espirituales, sólo invitar a la reflexión y la búsqueda inquisitiva.
En la próxima entrada hablaremos de la Shekinah, la energía femenina del Dios judeo-cristiano y el antiguo ritual de unión sexual de ambas divinidades.