Y otra vez escuchamos lo mismo de los tontos cristianos, las mismas patrañas que vienen diciendo hace varios cientos de años. Qué el terremoto en Japón es una evidencia del “principio de dolores”, del “fin de los tiempos”. Esta loca idea la sacan de los evangelios, vamos a citar sólamente Marcos que fue el primero en escribirse entre el año 70-80 DC:
Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos. (Marcos 13:7-8)
Estas son las supuestas palabras de Jesús a sus apóstoles refiriéndose a su segunda venida y la llegada del Reino de Dios (literalmente: El Imperio del Cielo). Se desprende de estas palabras la visión judía de un tiempo líneal que presenta un principio y un final, visión que se integró más tarde a la escatología cristiana y se reprodujo hasta el día de hoy como una punzación emocional frente a eventos catastróficos para el mundo y vida humanos.
Bien, no es para nada raro que muchos cristianos, desde los mísmos apóstoles (aunque no eran exactamente ”cristianos”) hasta los del restauracionismo en Estados Unidos a las sectas de hoy, hayan pensado y piensen que “el fin está cerca” pues, Jesús no pone unas condiciones muy exclusivas al evento que digamos. Veamos:
Guerras: Dificilmente alguien podría calcular con precisión cuantas guerras han habido en la historia de la humanidad, pero basta pasearse un rato por esta entrada en Wikipedia para hacerse una idea. Lo cierto es que no ha habido ningún periodo que no estuviese marcado por algún conflicto bélico entre naciones o reinos.
Terremotos: Es algo natural del planeta que se produzcan terremotos debido a que la tierra está constituída por numerosas placas y continentes que se encuentran en un constante y lento movimiento. En una visión general, a los humanos los terremotos nos resultan indeseables porque perjudican nuestras construcciónes materiales y aniquilan vidas de seres queridos, provocando dolor, malestar y miedo. Nuevamente se puede revisar una entrada al respecto en Wikipedia, para comprobar que no ha existido ningún momento en la historia sin terremotos (y eso que sólo salen los que han dejado algún tipo de evidencia).
Hambres: Hambrunas, otro tipo de evento que perjudica al hombre. Siempre han existido como se puede ver aquí. En esta lista la primera figura en el 440 AC, sí… Antes de Cristo. En todo caso, es fácil imaginarse cuantas más han habido, desde los tiempos del hombre primitivo, a quien si algo le estaba entragado con incertidumbre era el alimento.
Alborotos: Demasiados e incontables son los ejemplos de alborotos, boches, revueltas, protéstas o cualquier tipo de manifestaciones que alteran el orden económico, político, social o cultural al punto de cambiarlo. No vale la pena ahondar en este criterio.
¿Qué nos queda entonces? ¿Cuando es el “fin de los tiempos”, el “principio de dolores”? Algunos ya han fallado en sus cálculos como don William Miller, hombre influyente en Jopeph Bates, fundador de la Iglesia Adventista, quien predijo que este evento se produciría el 22 de octubre de 1844… produciendo lo que históricamente se ha llamado La Gran Decepción, cuando no.
Buscando la respuesta en las palabras del mismísimo Cristo nos encontraremos con una realidad bastante deprimente. Repasemos:
También les dijo: –De cierto os digo que algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder. (Marcos 9:1)
De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino. (Mateo 16:28)
Pero en verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios. (Lucas 9:27)
De cierto os digo que no pasará esta generación sin que todo esto acontezca. (Marcos 13:30, Mateo 24:34)
Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. De cierto os digo que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre. (Mateo 10:23)
Por tanto, cuando veáis en el Lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel –el que lee, entienda–, entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. (Mateo 24:15-16)
Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. (Lucas 21:22)
Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. (1 Tesalonicenses 4:17)
Cómo ven los tres evangelistas sinópticos más Pablo estaban convencidos que el “fin de los tiempos” estaba muy cerca y que Jesús retornaría antes que que ellos murieran. Esa era la promesa. Pero los evangelistas y Pablo murieron y Jesús no volvió.
Algunos cristianos les van a decir que cuando Jesús dice: “no van a probar la muerte” se refiere a que no caerán en pecado, porque ellos tienen vida en Cristo o cualquier otra estupidez. Pero la evidencia es clara y no hay vueltas que darle, ni inventar ningún contexto para cambiar el significado de las frases. Lo cierto es que la palabra griega para “vivir” que se utiliza en Tesalonicenses es ζωντες y no significa nada teológicamente especial ni proféticamente místico, es una palabra vulgar que se utilizaba hasta para las plantas o los animales, seres que para un cristiano al no tener “espíritu”, dificilmente se encuentran “en Cristo”. Entonces, no me vengan con tonteritas de profeta trasnochado.
Lo cierto es que la “segunda venida” no fue, falló. Pero como es algo casi ontólogico, los cristianos la siguen esperando, viendo los síntomas en todas partes, porque siempre han existido y existirán después de que fulano haya muerto y su hijo también verá lo mismo y así. Lo único que les queda por decir es que es un asunto de fe y ahí termina la discusión…